Palabras e Historias de Sabiduría

Compartamos Historias de Sabiduría para que nuestra alma brille y nuestro día se ilumine!

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El salón de los mil espejos

Una pequeña historia de sabiduría de Kurt Tepperwein...

 

Érase una vez en un templo Shaolin, un salón con mil espejos.

Un día, un perro entró al salón y de repente se encontró con miles de perros a su alrededor.  

Gruñó y ladró a sus supuestos enemigos. Y por supuesto éstos sin más ni menos inmediatamente le mostraron sus feroces dientes.

El perro provocado y enfurecido, gruño, saltó y ladró tanto que murío de fatiga mental y física. 

Un tiempo después, otro perro entró al salón de los mil espejos. Y al igual que el otro, vió miles de perros a su alrededor.

Ëste se complació de verlos, batió su cola y de inmediato se encontró en medio de miles de amigos.




Coaching Transformacional, Total Presence
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Opción

Érase una vez una mujer que decidió trasladarse a una cueva en las montañas para estudiar con un gurú. Decía que quería aprender acerca de todo lo que era posible saber.

El gurú le proporcionó montones de libros y la dejó sola en su cueva para que pudiera estudiar. Cada mañana, el gurú regresaba a la cueva para monitorear el progreso de la mujer. En sus manos siempre llevaba un bastón de madera. Cada mañana el gurú le hacía la misma pregunta a la mujer: “Ya aprendiste todo lo que hay que aprender?”. Y cada mañana la respuesta era la misma: “No maestro”. Ante esta respuesta, el gurú siempre golpeaba su cabeza con su bastón. Esta escena se repitió consecutivamente durante varios meses.

Un día el gurú entró a la cueva haciendo la misma pregunta y levantó su bastón para golpearle como de costumbre. Pero esta vez la mujer tomó el bastón de la mano del gurú y lo detuvo. Para su sorpresa el gurú sonrió y dijo: “Felicitaciones. Haz aprendido todo lo que necesitabas saber”.

Coaching Transformacional, Total Presence
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Libre Albedrío


Un discípulo observando a su maestro se dio cuenta que el maestro no cometía errores, todo lo que hacía o decía siempre llevaba el sello de la perfección y del resultado deseado.

Un día el discípulo le dice a su maestro: "Maestro, yo te he estado observando con mucho cuidado y me he dado cuenta que a ti las cosas siempre te resultan de acuerdo con tu plan y nunca diferente porque tu tienes sabiduría y yo no.  

A mí se me ha ocurrido que yo, de hoy en adelante no voy a hacer nada diferente a lo que tu me digas porque así sabré que yo tampoco me voy a volver a equivocar".

Ante esta afirmación el Maestro responde: "Me encanta tu observación y te doy gracias por la confianza que ahora depositas en mí pero quiero decirte que es importante que tu aprendas a tomar tus propias decisiones".

Maestro, mi decisión es hacer tu voluntad y no la mía, dice el discípulo.  

"Toda decisión será respetada, retírate a pensarlo bien durante 3 días y después de tu reflexión vuelve y me cuentas tu decisión final. Sea la que sea yo la respetaré".

El discípulo se retiró a pensar en lo que el maestro le había dicho y no encontró ninguna otra explicación diferente a decir: voy a hacer la voluntad del maestro.

A los tres días el discípulo regresó a su maestro diciendo: "Maestro ya tomé mi decisión y como tu me aseguraste que sería respetada, mi decisión es que solamente haré tu voluntad y no la mía".

Perfecto, dijo el maestro, ¿estás seguro?,

Sí maestro.

¿No te vas a retractar?

No.

¿Estás totalmente comprometido con esa decisión?

Si maestro.

"Bueno, entonces mi voluntad es que de hoy en adelante tu tomes tus decisiones y no las mías".  

Si no hacemos uso de nuestro libre albedrío, nunca podremos reconocer las leyes del universo.

Libre albedrio, leyes universales, total presence
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Mente del Principiante

En alguna ocasión un profesor fue a donde su maestro Zen para preguntarle el significado del Zen. En cuanto el profesor preguntó a su maestro con gran curiosidad de tener una respuesta, el maestro en silencio comenzó a llenar su taza de té. La taza comenzó a llenarse y a pesar de esto, el maestro continuó vertiendo té.

El profesor aturdido y desesperado le pregunta al maestro. “Maestro, porqué sigue vertiendo té en la taza que ya está llena?”

“Intento mostrarte”, dice el maestro, “que tu estás intentando comprender el Zen con una mente llena. Primero desocupa tu mente de conceptos antes de intentar comprender el Zen”.

Coaching Transformacional, Total Presence
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 El credo del Optimista

Por Christian D. Larson

Prométete a ti mismo…

Ser tan fuerte que nada disturbe tu paz interior.

Hablar de salud, felicidad y prosperidad a cada persona que encuentres.

Hacer sentir a cada uno de tus amigos que hay algo especial en ellos.

Mirar el lado luminoso de todo y expresar siempre optimismo.

Pensar sólo lo mejor, para trabajar por lo mejor, y esperar lo mejor.

Ser entusiasta por el éxito de los otros tanto como por el tuyo.

Olvidar los errores del pasado y estar determinado por alcanzar los grandes logros del futuro.

Portar siempre una expresión amable y ofrecer una sonrisa a cada ser que encuentres.

Darle tanto tiempo a tu desarrollo personal, que no tengas tiempo de criticar a otros.

Ser suficientemente grande para las preocupaciones, noble para la rabia, fuerte para el miedo e inmensamente feliz para permitir la presencia de las dificultades.

Pensar lo mejor de ti y proclamarlo a los demás, no con palabras ruidosas sino con grandes hazañas.

Vivir en la fé de que el resto del mundo está de tu lado tanto como tu…

Ser fiel a lo mejor que hay en ti.


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Los dos lobos

Historia Amerindia

Un anciano Cherokee contaba a su nieto acerca de la lucha que se desarrollaba dentro de sí mismo. Ésta era entre dos lobos...

"Uno es diabólico: iracundo, lujurioso, arrogante, mentiroso, falso predicador, vanidoso, resentido, ladrón, abusador y asesino. 

"El otro es bueno: pacífico, amoroso, sereno, humilde, generoso, compasivo, fiel, bondadoso, benevolente y honesto". 

El nieto, después de unos minutos de reflexión, preguntó a su abuelo: 

"¿Y qué lobo ganará?" 

El anciano Cherokee simplemente respondió: "El que yo alimente".


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La transformación

Un hombre recibió, cierta vez, la visita de algunos amigos, que al verlo viejo y sabio, le pidieron que les enseñase cuál era la manera de rezar y qué debían pedirle a Dios. 

Sonriente respondió:

- Al principio, yo tenía el fervor de la juventud, que cree en lo imposible. Entonces, me arrodillaba ante Dios y le pedía que me diera fortaleza para cambiar a la humanidad. 

Al poco tiempo, vi que era una tarea que iba más allá de mis fuerzas. Entonces, comencé a pedirle a Dios que me ayudara a cambiar lo que estaba a mi alcance.

Pero sólo ahora, al final de mi vida, es que entendí el pedido que debía haber hecho desde el principio: que yo fuese capaz de cambiarme a mí mismo.


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Quiero

Por Jorge Bucay

Quiero que me oigas, sin juzgarme.

Quiero que opines, sin aconsejarme.

Quiero que confíes en mi, sin exigirme.

Quiero que me ayudes, sin intentar decidir por mi

Quiero que me cuides, sin anularme.

Quiero que me mires, sin proyectar tus cosas en mi.

Quiero que me abraces, sin asfixiarme.

Quiero que me animes, sin empujarme.

Quiero que me sostengas, sin hacerte cargo de mi.

Quiero que me protejas, sin mentiras.

Quiero que te acerques, sin invadirme.

Quiero que conozcas las cosas mías que más te disgusten,

que las aceptes y no pretendas cambiarlas.

Quiero que sepas, que hoy,

hoy podés contar conmigo.

Sin condiciones

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 Sabiduría

Cada uno tiene algo diferente que enseñar, y es la suma de estas diferencias lo que llamamos "sabiduría". 

Unete a los que son flexibles y entienden las señales del camino. 

Son personas que no dudan en cambiar su rumbo cuando se encuentran con una barrera infranqueable, o cuando vislumbran una oportunidad mejor. 

Poseen la cualidad del agua: deslizarse entre las rocas, adaptarse al curso del río, a veces transformarse en lago, hasta que la depresión esté llena y pueda continuar su camino, pues el agua no olvida que su destino es el mar, y tarde o temprano, deberá llegar a él.

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El maestro Sufi

El Maestro sufi contaba siempre una parábola al finalizar cada clase, pero los alumnos no siempre entendían el sentido de la misma...

- Maestro – lo encaró uno de ellos una tarde. Tú nos cuentas los cuentos pero no nos explicas su significado...

- Pido perdón por eso. – Se disculpó el maestro – Permíteme que en señal de reparación te convide con un rico durazno.

- Gracias maestro.- respondió halagado el discípulo

- Quisiera, para agasajarte, pelarte tu durazno yo mismo. ¿Me permites?

- Sí. Muchas gracias – dijo el discípulo.

- ¿Te gustaría que, ya que tengo en mi mano un cuchillo, te lo corte en trozos para que te sea más cómodo?...

- Me encantaría... Pero no quisiera abusar de tu hospitalidad, maestro...

- No es un abuso si yo te lo ofrezco. Solo deseo complacerte...

- Permíteme que te lo mastique antes de dártelo...

- No maestro. ¡No me gustaría que hicieras eso! Se quejó, sorprendido el discípulo.

El maestro hizo una pausa y dijo:

- Si yo les explicara el sentido de cada cuento... sería como darles a comer una fruta masticada.







Total Presence
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El valor del ser humano

Un joven discípulo preguntó a su maestro: "¿Cuál es el valor de un ser humano?". 

El sabio sacó un diamante del bolsillo y le dijo: "Ofrece esta piedra a diferentes comerciantes del mercado y me cuentas qué tal te ha ido". 

Primero entró en una frutería, y el frutero le dijo: "Te lo cambio por un racimo de uvas". Más tarde, un carpintero le dijo: "Te ofrezco tres trozos de madera". Fue a una bisutería, donde le cambiarían cien monedas de oro. Y finalmente, el discípulo visitó la mejor joyería de la ciudad. El joyero afirmó: "Me encantaría poder comprártelo. Pero este diamante es tan valioso que no tiene precio".

El joven regresó con la piedra preciosa y le explicó a su maestro lo que le acababa de ocurrir. Sonriente, el sabio concluyó: "Al igual que sucede con esta piedra, para el que sabe ver, el valor de un ser humano es inconmensurable". 


 

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 El poder de la divinidad


Cuenta una leyenda que en un pasado remoto los seres humanos éramos dioses. 

Pero abusamos tanto de nuestros privilegios, que la vida decidió retirarnos este poder y esconderlo hasta que realmente hubiéramos madurado. 

El comité de eruditos de la vida sugirió enterrar el poder de la divinidad bajo tierra, en el fondo de los océanos, en la luna… 

La vida desechó todas estas opciones: “Veo que ignoráis hasta qué punto los seres humanos son tozudos. 

Explorarán, excavarán o gastarán una fortuna en naves para intentar conquistar el espacio hasta dar con el escondite”. 

El comité de eruditos se quedó sin saber qué decir. “Según lo que afirmas, no hay lugar donde los seres humanos no vayan a mirar nunca”. 

Tras escuchar estas palabras, la vida tuvo una revelación. “¡Ya lo tengo! ¡Esconderemos el poder de la divinidad en lo más profundo de su corazón, pues es el único lugar donde a muy pocos se les ocurrirá buscar!”



 

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Posesiones

Solo poseemos aquello que no podemos perder en un naufragio” (Proverbio hindú)

Cuenta una historia que un viajero había llegado a las afueras de una aldea y acampó bajo un árbol para pasar la noche. De pronto, llegó corriendo un joven que, entusiasmado, le gritó: “¡Dame la piedra preciosa!” 

El viajero lo miró desconcertado y le preguntó: “Lo siento, pero no sé de qué me hablas”. Más calmado, el aldeano se sentó a su vera. “Ayer por la noche una voz me habló en sueños”, le confesó. “Y me aseguró que si al anochecer venía a las afueras de la aldea, encontraría a un viajero que me daría una piedra preciosa que me haría rico para siempre”.

El viajero rebuscó en su bolsa y extrajo una piedra del tamaño de un puño. “Probablemente se refería a ésta. Me pareció bonita y por eso la cogí. Tómala, ahora es tuya”, dijo, mientras se la entregaba al joven. 

¡Era un diamante! 

El aldeano, eufórico, lo cogió y regresó a su casa dando saltos de alegría.

Mientras el viajero dormía plácidamente bajo el cielo estrellado, el joven no podía pegar ojo. El miedo a que le robaran su tesoro le había quitado el sueño y pasó toda la noche en vela. 

Al amanecer, fue de nuevo corriendo en busca de aquel viajero. Nada más al verlo, le devolvió el diamante. Y muy seriamente, le suplicó: “Por favor, enséñame a conseguir la riqueza que te permite desprenderte de este diamante con tanta facilidad” 





 

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